lunes, 24 de julio de 2017

EL PÓRTICO DE LA CATEDRAL DE ORENSE


Hay obras de arte que, a pesar de su belleza, de su calidad o del valor que atesoran, aparecen eclipsadas por la poderosa sombra que proyectan sobre ellas, aquellas otras con las que de manera inexorable se las compara,  postergándolas en ocasiones, o incluso haciéndolas caer directamente en el olvido en otras. Algo de esto ocurre con la obra que nos ocupa, el Pórtico del Paraíso de la Catedral de Ourense, formidable muestra de la mejor escultura del románico en la Península, al que, sin embargo, la comparación con su hermano mayor, el compostelano Pórtico de la Gloria que labrara el Maestro Mateo, le hace ocupar, no pocas veces, e injustamente en mi opinión, un papel secundario, o cuanto menos menor, en el panorama de esa misma escultura. Es cierto que son muchas las deudas contraídas por el pórtico orensano con el compostelano: fue realizado por miembros activos del taller del maestro Mateo, presenta la misma estructura, aunque simplificada, y similares proporciones; y no menos cierto también que algunos de sus tímpanos y arcos han desaparecido. Pero ninguna de esas razones son suficientes para ignorar su gran calidad artística, realzada por la policromía de sus tallas, que en Ourense, a diferencia de Compostela, sí se ha conservado.



 Profeta Desconocido, Ezequiel y Habacuc

La catedral  es un edificio  consagrado a San Martín, de estilo románico, aunque tardío, edificado entre la segunda mitad del siglo XII y el siglo XIII. Conserva sus tres fachadas originales. Las dos que están situadas en los brazos del crucero son muy parecidas, con una llamativa arquivolta interior polilobulada y una discreta, aunque esmerada, decoración escultórica. La fachada principal, en cambio, oculta tras ella, igual que ocurre en Santiago, el Pórtico del Paraíso. Se accede a ella a través de una empinada escalera que salva el desnivel del terreno, pero que no se construyó hasta 1980, por lo que, difícilmente podía cumplir con la tradicional función didáctica que se asignaba a los pórticos medievales.

Jonás, Daniel y Jeremías


El Pórtico del Paraíso parece que se concluyó entre los años 1218 y 1248, en tiempos del obispo D. Lorenzo, así que es algo posterior al de Compostela y, probablemente, fue realizado por cuatro escultores distintos del taller del maestro Mateo, que reprodujeron en él la misma disposición de apóstoles y profetas sobre las jambas que su maestro había ejecutado con tanto acierto en Santiago, aunque con un estilo más hierático y románico que el de su maestro.  Por desgracia, la reforma llevada a cabo en Ourense en el siglo XVI afectó a numerosos elementos arquitectónicos del templo y algunas de la figuras están ubicadas hoy en espacios distintos a los que debieron ocupar originalmente. Además de la influencia compostelana, en la serenidad de las figuras, su ensimismamiento y homogeneidad, descubren los historiadores también la de los maestros de Amiens y París, que llegaron hasta la ciudad gallega, probablemente, a través de Burgos.


El Pórtico está formado por tres arcos, en el central se representa la iconografía tradicional de los veinticuatro ancianos mencionados en la descripción de la segunda venida de Cristo a la tierra del Apocalipsis de San Juan. El tratamiento de las figuras, dispuestas radialmente al arco, es de un gran naturalismo, y llama la atención, frente a otros pórticos románicos, la variedad de instrumentos musicales que portan. Sus cabezas, en un rasgo de modernidad que nos conduce hacia el gótico, giran unas hacia otras, como si entablaran un diálogo entre ellos.
En otro de los arcos aparece la representación del Juicio Final, con el ascenso de los justos al cielo y los tormentos del infierno para los condenados, donde los escultores no ahorraron ninguno de los dolorosos tormentos ni sufrimientos que acompañan en el arte románico a este tipo de representaciones, y cuya finalidadya comentamos recientemente: hombres torturados, serpientes que hunden sus afilados colmillos sobre los desnudos pechos de una mujer, hombres ahorcados ante la mirada satisfecha de los demonios, .... En el tercer arco, sin embargo, no hay representaciones escultóricas, sino que las arquivoltas únicamente se decoran con formas vegetales simplificadas, y los investigadores sugieren la posibilidad de un intento de representar, a través de ellas, el Paraíso.
Sin embargo, donde la escultura alcanza sus mejores logros es en la representación de las dieciocho estatuas-columnas de apóstoles y profetas que aparecen representados en las jambas de la portada. Los profetas, con una excelente policromía, se representan con manto y túnica larga bajo la que asoman unos pies donde se descubren, en un alarde de realismo, tendones y uñas. Idéntico realismo se aprecia en las manos, con las que sostienen las cartelas en las que se indica su nombre o se escribe algún versículo que les hace identificables: Oseas y Malaquías, en el muro septentrional; el profeta desconocido, Ezequiel y Habacuc, en el lado norte del Evangelio; Jonás, Daniel, Jeremías e Isaías, en el lado sur del Evangelio. Todos, excepto el profeta desconocido, tienen barba, muy larga en algunos casos, como la de Jeremías, ojos almendrados, labios llenos y gestos serenos, y Daniel incluso luce una hermosa sonrisa.
Sin embargo, uno de ellos aparece representado de modo distinto al resto. De rostro más joven, imberbe, labios escasamente definidos y cabello ensortijado, porta un rollo muy largo sin ninguna inscripción; es también la única figura que apoya sus pies en un suppedaneum (pedestal) con figuración antropomorfa, viste de forma diferente, con una especie de toga romana y, por último, es el único que no lleva nimbo tras su cabeza y no parece que lo haya perdido con el paso del tiempo. Es el enigmático profeta desconocido para el que se barajan hasta tres identidades diferentes: Amós, por su juventud y por la ausencia de nimbo, ya que no se consideraba a sí mismo como un profeta; el Patriarca José, por su gran parecido con la representación de este mismo personaje en la catedral de Chartres, aunque no es un habitual de las portadas románicas; y el profeta Zacarías, que en su sexta visión hace referencia tanto a un rollo de gran longitud que vuela, sinónimo de la maldición, como a una mujer a la que identifica con la maldad.
En cuanto a los apóstoles, de los nueve que hay representados en el pórtico, salvo dos de ellos, en lugar de cartelas, como los profetas, llevan en sus manos un libro, símbolo de la palabra de Dios que transmitieron. Aunque los artistas intentan individualizarlos a través de diferentes recursos, presentan todos aspectos similares en cuanto a los rasgos y a las vestimentas. Se han identificado correctamente a seis de ellos como Andrés, Mateo, Juan, Santiago el Mayor, Pablo y Pedro. A dos de los tres no identificados, teniendo en cuenta la similitud del pórtico orensano con el compostelano, cabe pensar que se correspondan con la identidad de los que ocupan esos mismos lugares en este último, es decir, Bartolomé y Tomás.

La decoración escultórica se completa con las imaginativas representaciones de los capiteles, en los que, además de las figuras humanas, predominan las representaciones zoomórficas de animales fantásticos como harpías, centauros, sirenas, dragones, etc., que poblaron los bestiarios medievales que les sirvieron de inspiración. Por último, en el parteluz se representa un tema poco habitual en los santuarios ligados al Camino de Santiago, y que también aparece en Compostela, como es el tema de las tentaciones de Cristo.


El programa escultórico de este pórtico, con los apóstoles enviados por Cristo a evangelizar las naciones y los profetas de Israel que tradujeron en palabras y gestos la voluntad de Dios,  no es ajeno en absoluto al convulso ambiente que vivía la iglesia en aquellos años, en los que se hubo de hacer frente a herejías como la de los cátaros y a otros planteamientos, como los de Joaquín de la Fiore, que chocaban con las nuevas ideas de la iglesia del siglo XIII. A ellos viene a sumarse, por otra parte, el enfrentamiento con las otras dos grandes religiones, el islamismo y el judaísmo. Así se ha puesto de manifiesto la relación directa que guarda con algunas de las disposiciones del IV Concilio de Letrán, celebrado entre 1215 y 1216, es decir, tan sólo dos años antes de que diese comienzo la obra.













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COLEGIATA ALQUÉZAR


En lo más alto de la villa de Alquezar, en el Somontano de Barbastro, sobre los restos de un antiguo castillo musulmán, se alza majestuosa la Colegiata de Santa María la Mayor, coronando una de las moles rocosas que franquean el río Vero a su paso por la localidad. La estampa es realmente preciosa. Únicamente su contemplación merece una visita a este pueblo oscense. Pero la Colegiata de Alquezar merece una atención muy especial pues, en su interior, alberga una más que interesante colección de tesoros artísticos. Vamos a conocerlos.
Vista de la Colegiata de Alquezar.
Su origen se remonta a finales del siglo XI, cuando las tropas aragonesas ganaron la ciudad de Barbastro así como el antiguo castillo de Ibn Rasid, que había sido construido en la frontera para vigilar la conocida como Marca Hispánica. El castillo se mantuvo como un importante enclave de frontera, defendido por una comunidad mixta de eclesiásticos y soldados que debieron formar algo parecido a una orden militar bajo la regla de San Agustín. Fue entonces cuando comenzó a reformarse y ampliarse para edificar las dependencias canonicales y la iglesia de Santa María que fue consagrada en 1099.

Colegiata de Alquezar.
Una vez que la frontera se alejó hacia el sur, la fortaleza perdió importancia estratégica y, ya convertida en colegiata, se erigió como cabeza de la próspera villa que creció a sus pies y a la que Alfonso I de Aragón concedió Fuero de Jaca y mercado. Sus calles de aspecto medieval y su preciosa plaza porticada son testigos de este importante periodo.


Plaza del mercado de Alquezar. 
La subida a la Colegiata se realiza a través de una empinada cuesta en zigzag con sucesivos recodos que es heredera del conjunto defensivo ideado por los musulmanes. En época cristiana se completó con una torre albarrana, es decir, exenta a la muralla del recinto.

Torre albarrana de Alquezar. 
En esta subida sorprende un arco apuntado con un relieve gótico donde aparecen representadas las famosas mártires oscenses Nunilo y Alodia. Según la leyenda, las dos muchachas pertenecían a una familia musulmana pero fueron educadas en el cristianismo por su madre. Al quedar huérfanas, su tío, interesado en hacerse con la fortuna familiar, las denunció y fueron encarceladas en el castillo de Alquezar. Ambas se negaron a renegar de su fe así que fueron enviadas a Huesca y decapitadas ante la iglesia de San Pedro el Viejo.

Relicario de Nunilo y Alodia. 
Una vez superada la muralla, el acceso a la Colegiata se realiza a través de un precioso claustro de planta trapezoidal, que se adapta  las necesidades del espacio, con un pequeño jardín en el centro. Una de las joyas más sorprendentes de todo el conjunto.

Claustro. 
Este claustro es del siglo XIV pero se levantó aprovechando el muro y el atrio de la antigua iglesia románica. Por esta razón cuenta en uno de sus lados con un conjunto de seis capiteles románicos verdaderamente espectaculares. Representan la propia consagración de esta misma iglesia y varias escenas bíblicas: Cuatro pasajes del Génesis y el Banquete de Herodes.

Banquete de Herodes y Salomé bailando a los pies de la mesa. 
Vale la pena detenerse a comentar el capitel que cuenta la Creación de Adán por la originalidad de su composición. Adán aparece tumbado horizontalmente  en el regazo de Dios y ambas figuras forman una cruz. Dios cuenta con tres cabezas que simbolizan el misterio de la Trinidad, algo verdaderamente insólito, y concede la vida a Adán tocando con el dedo su oído izquierdo. Alrededor, cuatro ángeles sujetan el marco que rodea la escena. Una escena verdaderamente ingeniosa.

Creación de Adán. 
De forma tan sorprendente como los capiteles, alrededor del claustro también destacan las pinturas murales de finales de la Edad Media. Representan  algunas escenas de la vida de Jesucristo en dos hileras diferenciadas: La infancia de Jesús en la inferior y la Pasión de Cristo en la superior.
Pinturas murales del claustro. 
Ya en época moderna, el claustro fue recrecido con un piso superior de arcos de medio punto levantados en ladrillo y abiertos al jardín y al exterior del recinto. Las vistas son verdaderamente espectaculares.
Desde el claustro se accede a una bella iglesia de estilo renacentista que sustituyó en el siglo XVI a la primitiva obra románica. Bajo la espectacular bóveda de crucería que se prolonga a lo largo de toda la nave central, resalta de forma especial el presbiterio que se decora con un precioso retablo escultórico dedicado a la Asunción de la Virgen María. En él se repasan diferentes escenas de la vida de la Virgen y, como es propio de los retablos de la época, incluye un óculo que hacía las funciones de sagrario.

Retablo mayor. 
Las escenas principales repasan diferentes momentos de la vida de la Virgen y probablemente son obra del taller zaragozano de Juan de Moreto. Desde luego, guardan muchas similitudes con las obras de Damian Forment y sus discípulos; los mejores escultores de ese momento en el Reino de Aragón. Lo mismo ocurre con la preciosa sillería del coro.

Aparición a María Magdalena. Jesucristo porta un casco propio el siglo XVI. 
Junto al coro se ubica la capilla que alberga el famoso Santo Cristo; una bellísima y delicada talla de Cristo crucificado que data del siglo XIII y que cuenta con una gran devoción entre los vecinos. Antiguamente, se le rendía culto en el claustro y es famoso desde tiempo inmemorial por su efectividad a la hora de obrar milagros.

Santo Cristo. 
El resto de la iglesia cuenta con decoración de época barroca. Destaca el gran órgano barroco, que se conserva en perfecto estado, y diferentes retablos; algunos de los cuales albergan auténticos tesoros de la Colegiata. Por ejemplo, la reliquia de San Nicóstrato, el patrón de Alquezar, mártir del siglo IV del que se venera su cráneo. Fue adquirido en el siglo XVI por Bartolomé Lecina, racionero de Alquézar y capellán del duque de Terranova, embajador de Felipe II.

Órgano de la Colegiata de Alquezar
En la visita a la colegiata, así como al pequeño museo que se ubica en las dependencias de la sacristía y el piso superior del claustro, también se pueden admirar otras muchas joyas como el retablo gótico de Santa Ana, atribuido al denominado Maestro de Arguís. Y el de Santa Quiteria, santa de gran devoción en Huesca, patrona de los locos y sanadora de los males de rabia. Es una magnífica tabla de finales del siglo XV obra del pintor Juan de la Abadía, el Viejo. Como es propio de su iconografía aparece representada con la palma del martirio junto a un hombre rabioso.

Retablo de Santa Quiteria. 
Por supuesto, también numerosas y extraordinarias piezas de arte sacro: reliquias procedentes del obispado alemán de Colonia, el remate de un báculo episcopal tallado en marfil del siglo XII, y parte del ajuar litúrgico de la Colegiata (cálices, copones, custodias, patenas, cruces, vestiduras litúrgicas etc…)

Báculo de marfil. 
Verdaderamente, la colegiata de Alquezar bien merece una escapada para ir a descubrirla.
https://identidadaragonesa.wordpress.com/2016/05/24/los-tesoros-de-la-colegiata-de-alquezar/
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viernes, 21 de julio de 2017

LOS MONASTERIOS DE METEORA



Allá por el siglo X d.C. se empezaron a dar los primeros brotes de eremitismo, pues el enclave facilita las condiciones idóneas para la vida ascética. Los eremitas vivían en las cuevas de las rocas y en chozas al pie de los peñascos, acudiendo a una iglesia central donde se reunían los días festivos y domingos, iglesia llamada ‘Santa María de la Fuente de la Vida’ (‘Panayiá Zoodojos Piyí’), que aún hoy en día se mantiene en pie. Data del siglo XI y tiene unos hermosos frescos que decoran su interior. Esta forma de vida eremítica declinaría en el siglo XIV, cuando al lugar llega el prelado San Atanasio ‘Meteorito’, quien le dio nombre al lugar fundando la primera orden monástica que se asentaría en Meteora.
En su época dorada el territorio llegó a contar con veinticuatro centros donde se desarrollaba la actividad monástica, si bien hoy solo continúan habitados seis de ellos: el monasterio de la Metamorfosis o Gran Meteoro, el de San Nikolas Anapafsas, el de Roussanou, el de la Santa Trinidad, el de San Esteban y el de Varlaam. Pero no todo fueron tiempos de benevolencia. Tras la llegada de los turcos a Tesalia, en el ano 1390, se sucedieron una serie de hechos bélicos que sacudieron la vida normal de los Monasterios. Durante los dos primeros siglos de ocupación otomana, los Monasterios contribuyeron a la convivencia pacífica pagando los impuestos que habían establecido los invasores.



Los Monasterios de Meteora están edificados sobre unas extrañas formaciones rocosas ("agujas de piedra") que se elevan perpendicularmente en medio de una amplia llanura, sobre una gran llanura, la de Tesalia, como por arte de magia surgen de la tierra numerosas montañas de roca oscura, estrechas y de considerable altura perpendiculares a la tierra. 
Sobre algunos de estos extraños e impresionantes macizos rocosos se encuentran inaccesibles los monasterios de Meteora. Sus construcciones comenzaron en el s. XIV y se finalizan en el s. XVI. Llegaron a ser hasta 24 los monasterios, algunos fueron destruidos en la 2ª guerra mundial por los alemanes. 
El motivo de edificarlos en lugares tan inaccesibles, fue en principio por motivos defensivos, ya que la única manera de subir era con un cesto que lanzaban desde arriba y las provisiones eran llevadas por los lugareños.
Actualmente son seis los monasterios en funcionamiento, el de Agios Nikolaos, Moni Russanu o Agia Barbara, Moni Barlaam, el Gran Meteoro, Agia Triada y Agios Stefanos. Su culto es cristiano ortodoxo griego.
Con el tiempo se han ido construyendo escaleras y puentes gracias a los que hoy en día se pueden visitar. Dentro de estos monasterios se encuentran verdaderos tesoros.

En el año 1609 tuvo lugar una revuelta en la cercana ciudad de Lárisa encabezada por San Dioniso el Filósofo, a quien los turcos llamaban ‘perrósofo’. Al ser San Dioniso un hombre de la iglesia, los turcos atacaron Monasterios y edificios eclesiásticos, muchos de los cuales eran de gran importancia. De entre estos Monasterios, el denominado ‘Gran Meteoro’, centro neurálgico de Meteora, fue atacado en dos ocasiones, en 1609 y en 1616. En ambas pasaron a cuchillo a numerosos monjes y la segunda vez quemaron la sacristía de la iglesia destruyendo las celdas de los monjes.



Pero la rebelión más importante fue la acontecida a principios del siglo XIX, encabezada por el padre Efthimios Vlajavas, un rebelde local, quien tuvo como base de operaciones el monasterio de San Demetrio en Meteora, hoy en ruinas. El padre Vlajavas fue traicionado y secuestrado por Alí Pashá, sultán de Ioánina, y el monasterio de San Demetrio fue bombardeado hasta quedar reducido a cenizas, mientras que los monjes de los Monasterios de San Demetrio y del Gran Meteoro fueron encarcelados en la ciudad de Ioánina. El padre Vlajava, héroe y mártir nacional, pagaría por la osadía de enfrentarse al poder del sultán y sería cortado en cuatro pedazos para evitar rebeliones futuras. Pero no cejarían en su empeño estos monjes guerreros, que seguirían apoyando la causa griega en otros enfrentamientos, contra los búlgaros en las Guerras Macedonias a principios del siglo XX, o durante la ocupación italiana que tuvo lugar en la Segunda Guerra Mundial.




Grabados, tapices y otras imágenes recogen estos episodios de la historia de Meteora en el museo del Gran Meteoro, centro administrativo de los Monasterios habitados, a 613 metros de altura sobre el nivel del mar y a 415 metros de altura sobre el lecho del río Peneo. El monasterio también es llamado de la Metamorfosis, por estar consagrado, precisamente, a la Transfiguración de Jesús. No en vano, el Gran Meteoro está levantado en el punto más en comparación con el resto de edificios que se erigen en Meteora, en clara metáfora a la Transfiguración de Cristo, que tuvo lugar en lo alto de un monte. Una magnífica construcción constituye la iglesia central denominada Katholikón, considerado como un regio ejemplo del segundo o tercer periodo de la arquitectura bizantina. En su interior podemos admirar el fresco que representa el pasaje evangélico en el que Jesús sufre la Transfiguración, volviéndose sus vestidos blancos y resplandecientes ante los ojos de los apóstoles Santiago, Juan y Pedro, momento en el que también se manifiestan Moisés y Elías.


Montañas de Meteora.

Al margen de la iglesia, el monasterio cuenta con recintos de gran interés, como el antiguo refectorio, donde los monjes se reunían para comer, la antigua cocina, el osario, dos museos, y las celdas de los monjes. Unas vistas impresionantes se nos ofrecen al asomarnos desde las terrazas del monasterio. Unas alturas sacras cuyos cielos son surcados frecuentemente por numerosas aves, como la grajilla, o la corneja cenicienta, córvido propio del este de Europa. 






En el emplazamiento de estas imponentes masas rocosas se encontraba, hace cientos de miles de años, un gran río que desembocaba en el mar de Tesalia. Cuando este río encontró una nueva salida en el mar Egeo, este macizo, bajo la acción de la erosión y los terremotos, se hundió y dio nacimiento a este extraño paisaje.



Los primeros monjes que habitaron los Meteoros (en idioma griego significa cada cuerpo que cae del cielo), en el siglo XI, eran ermitaños que vivían en las cuevas y que querían estar más cerca del Creador.

Los primeros monasterios se fundaron en el siglo XIV, fueron construidos con el fin de escapar de los turcos y de los albaneses de la época. Atanasio, expulsado del Monte Athos, fundó el Gran Meteoro o Monasterio de la Transfiguración con varios de sus fieles. Está situado a 613 metros sobre el nivel del mar y esconde una iglesia de estilo bizantino que atesora las reliquias del fundador y unos valiosos frescos multicolores que relatan las persecuciones y martirios que sufrieron los cristianos. Fue seguido por otras comunidades, hasta un total de 24 en el momento del máximo apogeo en el siglo XV que ocuparon los peñascos de la región.



El monasterio de Varlaam o de Todos los Santos. Se eleva a una altura de 373 metros sobre el suelo. Fue reedificado sobre las ruinas de un monasterio anterior por los hermanos Nektarios y Teofanis, en el año 1518.


El monasterio de Agia Triada o de la Santísima Trinidad. Existen diversas hipótesis acerca de la antigüedad de la construcción, sin embargo, la tradición sostiene que se necesitaron 70 años para acarrear los materiales de construcción hasta el tope del peñón e iniciar así las obras. Sea como fuere, lo formidable del enclave donde está levantado Agia Triada nos sobrecoge. Como si de un fenómeno celeste se tratara, parece querer arrancarse de la tierra para alcanzar, majestuoso, el cielo. Es el triunfo de la ilusión óptica que confunde lo real con lo irreal. Y por fin, el último de los Monasterios habitados es el de Agios Stefanos, o San Esteban. Un puente estable de 8 metros de longitud conduce de forma cómoda y segura a la puerta del monasterio. Sobre el portón de entrada del edificio una leyenda certifica que la construcción de esta vieja fortaleza se remonta al año 1192. En el interior del monasterio, habitado por religiosas desde 1961, hallamos dos iglesias. La primigenia capilla de San Esteban, consagrada al protomártir de la cristiandad, con frescos que datan del ano 1501, si bien algunos de ellos presentan daños como consecuencia del agravio cometido por algunos hombres durante la guerra civil que enfrentó a la sociedad griega entre los años 1944 y 1949.

Monasterio de Rousanou.

El monasterio de Roussanou o de Santa Bárbara, que desafía con osadía al abismo con una construcción imposible, coronando la cúspide esbelta de una roca en el centro del territorio. Como el de Varlaam, Roussanou fue reedificado sobre las ruinas de un monasterio primigenio, en este caso por los hermanos monjes venerables Josafat y Máximo en el 1288 d. C.
Como dato anecdótico,en el monasterio de la Santísima Trinidad se rodó parte de la película For Your Eyes Only, de John Glen, en el año 1981, de la serie de James Bond.
La banda de rock alternativo Linkin Park nombró a su disco de 2003 Meteora después de quedar impresionados con los monasterios griegos.


La iconostasia del katholikon. Monasterio de la Santísima Trinidad


El crucifijo y los frescos Monasterio de la Santisima Trinidad



La cúpula del katholikon. Monasterio de la Santísima Trinidad



 
El fresco Jonah Cast Forth By The Whale (abajo de la imagen). Monasterio de San Nicolás Anapausas 



El fresco El Juicio Final. Monasterio de San Nicolás Anapausas 


El fresco La muerte de un mártir en el fuego. Monasterio Rousanou


El fresco El Juicio Final. Monasterio Rousanou 



El fresco Torturas de los mártires por la fe. Monasterio Rousanou



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http://www.foroxerbar.com/viewtopic.php?t=7931
https://es.wikipedia.org/wiki/Meteora
https://www.grecotour.com/meteora-grecia
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miércoles, 19 de julio de 2017

FRANCISCO DE GOYA....LA NEVADA


En La Nevada, Goya ha querido transmitir los rigores del invierno a través del fuerte viento y de la nieve, dando una perfecta sensación ambiental, provocando que el espectador sienta frío al contemplar la escena. Serviría como modelo para la decoración en tapiz del comedor del Príncipe en el Palacio de El Pardo, formando parte, junto a las Floreras, la Vendimia y La Era, de una serie dedicada a las cuatro estaciones del año. Goya ha escogido a personajes más desfavorecidos socialmente para representar los sufrimientos del invierno. Tras ellos aparece un burro que transporta un cerdo abierto en canal, mostrando la matanza típica en España en esas fechas. La tradición habla del intento de entrar el cerdo en Madrid sin pagar el impuesto de consumos, lo que provoca la detención de los tres hombres por parte de los guardias. Los fríos del invierno no eximen a nadie, ni al perro que esconde el rabo entre las piernas. El colorido blanco se adueña de la estampa, intensificando los tonos más oscuros de su alrededor. El viento es el otro gran protagonista, habiendo captado perfectamente la sensación del gélido viento que mueve los árboles sin hojas y lanza la nieve al rostro de las figuras. Sin duda, es una obra maestra y novedosa entre sus contemporáneos.